¿Hidroituango mató al río Cauca? Una guía para aclararlo

Por ser un tema que afecta a gran parte de la región, reproducimos este artículo de María Paula Rubiano del Blog El Río de elespectador.com

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Los bajísimos niveles del río Cauca tras el cierre de la compuerta 1 en Hidroituango pusieron a muchos a hablar sobre el colapso total del segundo río más importante del país. ¿Qué tan cierta es esta afirmación?

“El río Cauca nace en el Macizo Colombiano y muere en Hidroituango”, decía un tuit. Ecocidio, asesinato, decían otros. Algunos hacían referencia, incluso, a la estela de muerte que dejó el paramilitarismo en esa región antioqueña. El panorama que se vive aguas abajo del proyecto hidroeléctrico Ituango, tras el cierre de la compuerta 1 el pasado 5 de febrero, tiene en vilo a las comunidades aguas abajo del proyecto y, de paso, a buena parte del país.

Y, sin embargo, la mayoría de voces levantaban el acta de defunción del segundo río más importante de Colombia basándose en aquello que veían en las imágenes compartidas en redes sociales: peces boqueando sobre piedras y lodo. Aguas cristalinas y mansas, nada que ver con “el Mono” alebrestado que conocen los pescaderos y ribereños del medio y bajo Cauca, hoy, con rostros descompensados.

Pero, ¿cuál es la realidad? ¿El río podrá recuperarse de este escenario sin precedentes? ¿O será que hemos cambiado y destruido sus dinámicas para siempre y estamos, efectivamente, ante la muerte del Cauca? Para responder todas estas preguntas hablamos con expertos en ecología, hidrología, geología y biología, quienes nos explicaron, desde sus conocimientos, la crisis ambiental que atraviesa el país.

“El río Cauca es un río muy particular”, dice Germán Vargas, geólogo y jefe de la oficina de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional. Debido a su ubicación geográfica, el río tiene dos momentos hidrológicos y morfológicos: uno, cuando baja rápido y encauzado desde la cordillera, y otro, en el Medio y Bajo Cauca, cuando su velocidad disminuye y se trenza, crea meandros, islas e inunda ciénagas. Hidroituango se encuentra justo al final de esa etapa montañosa del río y, por ello, lo que pasa allí afecta por completo todo el sistema del río aguas abajo.

Más que muerto, infartado

“Uno de los atributos más importantes de los ríos es la conectividad de las partes altas de la cuenca hacia las partes bajas”, dijo Juliana Delgado, directora de ciencias para el norte de los Andes y sur de Centroamérica de The Nature Conservancy. “Los ríos no solo mueven agua: son sistemas vivos que mueven especies, energía y sedimentos. Es como un cuerpo con arterias y venas”, explica. Como en la sangre, en los ríos hay nutrientes y organismos vivos. Siguiendo esa analogía, Delgado explica que la crisis actual es como si se bloqueara una vena o arteria principal en el cuerpo humano. Es como un infarto.

“Los caudales medios del Cauca son de 2.000 o 2.500 metros cúbicos por segundo, y hoy, en Valdivia, no es de más de 50 metros cúbicos. Estamos descompensando completamente el equilibrio del sistema fluvial y ecosistémico. Una cosa es cuando el río baja por falta de lluvias, lo cual hace parte del ciclo hídrico de forma natural, pero cuando de la noche a la mañana cambian los niveles de esta forma, los organismos no logran acomodarse”, cuenta Vargas.

Cuando el agua baja de forma tan drástica, lo primero en desaparecer son los múltiples brazos que conectan al cauce principal de agua con sus ciénagas. El río seco deja tras de sí pozos de agua estáticos que se calientan, pierden oxígeno y, si hay seres vivos atrapados en ellos, pueden generarse mortandades. Además, las imágenes de peces boqueando a orillas del río no tardan en aparecer.

Pero eso no es todo. El profesor José Iván Mojica, biólogo y curador de las colecciones científicas de peces del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, explica que la temporada seca (hasta abril, más o menos) es cuando las especies migratorias, como bagres, capaces, nicuros o bocachicos, suben aguas arriba desde las ciénagas para reproducirse.

“Este es el peor escenario posible: estamos en subienda, en época seca y, además, se quedan sin caudal. Eso quiere decir que habrá un impacto muy fuerte sobre poblaciones de peces, luego los que se van a reproducir van a estar disminuidos. Así, los pescadores que dependen de las subiendas serán de los más afectados”, añade.

Y aunque EPM está trabajando con 750 colaboradores para salvar la mayor cantidad posible de peces, Juliana Delgado comparte que han recibido reportes de pescadores de la región señalando que el esfuerzo es insuficiente. Además, no está claro si ese rescate incluye a otras especies del lecho del río, como ostras de agua dulce, cangrejos y otros macroinvertebrados. “Estos animales son la base de la cadena alimenticia. Si sus números bajan, todo el resto del sistema se desmorona”, dice Delgado.

En cuanto a la flora, el profesor Vargas cree que podría afectar a las poblaciones que estén germinando. Otros, como el ingeniero de aguas y ambiental Julien Gwendal Chenet, docente en la Universidad EAN, creen que, debido a que estos organismos están adaptados a épocas de caudales bajos, tienen más oportunidad de sobrevivir durante los tres a cinco días que, se supone, durarán estas condiciones extremas.

Aguas hambrientas

Pero hay otro asunto clave sobre la emergencia. A muchos les ha sorprendido ver el color cristalino del Cauca, un río naturalmente carmelita. Juliana Delgado explica que toda la cuenca del Magdalena-Cauca, al ser tan joven geológicamente, aún tiene mucha tierra superficial que puede mover. “El río lleva agua y esa agua tiene una fuerza y dependiendo de esa fuerza, el río puede lavar y coger más sedimentos; esto es parte de su dinámica. Pero cuando se pone un dique o represa, el agua queda quietica un tiempo y los sedimentos se van al fondo. Por eso el agua empieza a salir más limpia”.

Esa agua limpia afecta a los seres vivos del río, acostumbrados a vivir en un líquido lleno de nutrientes y sedimentos. Para algunos, por ejemplo, podría afectar su capacidad de esconderse de sus depredadores. Para otros, como las especies de flora o microorganismos, podría significar la pérdida de minerales importantes para sobrevivir.

Tras la emergencia, cuando el agua empieza a salir “limpia” por el vertedero, serán “aguas hambrientas”: ya con un poco de fuerza recuperada por el impulso del río Nechí y otros tributarios, va a estar lista para recoger todos los sedimentos que pueda, y una vez se recargue de sedimentos regresará a su color y carga natural, pero modificando las playas y orillas que tenía. “Va a haber una transformación del paisaje aguas abajo”, augura Delgado. Esto podría generar la inestabilidad de puentes y vías si están construidos muy cerca de las orillas del Cauca.

Restaurar y reiniciar

Ninguna de las personas que entrevistamos se atrevió a decirnos en cuántos meses o años el río podrá recuperarse por completo de este episodio. Todos coinciden en que depende de factores como el clima este año, si no se presentan nuevas emergencias y de la ayuda que los seres humanos —puntualmente, EPM— le den al ecosistema para restaurarse.

Lo que sí está claro es que estamos ante un camino que el país jamás había recorrido. Es un evento sin antecedentes similares y por eso es imposible saber qué efectos a mediano y largo plazo podrá dejar. Como dijo Juliana Delgado, “es como reiniciar el computador cuando se bloquea. Solo sabemos lo que perdimos cuando prendemos de nuevo el computador”.

Por María Paula Rubiano, periodista Blog El Río –El Espectador

Camila Taborda contribuyó con parte de la reportería

Foto: las2orillas.co

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