Ser periodista

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“En el filo de la Navaja”, el libro que acaba de publicar la reconocida periodista Yolanda Ruiz, está lleno de anécdotas, entrevistas y vivencias pero, sobre todo, de decisiones éticas de quien ha sido la única mujer en Colombia que ha dirigido los dos servicios informativos más importantes del país: Caracol Radio y RCN Radio en la cruda realidad de los últimas lustros. En él repasamos unas veces, y aprendemos otras, de los deberes y obligaciones que implica el oficio de ser periodista.

Con su autora tuvimos el honor de trabajar en Caracol Radio, cuando ella era directora en todo el país y nosotros lo hacíamos desde el Caribe colombiano. Recuerdo que aprendí, entre muchas otras cosas, bajo su influencia lo que en la práctica del periodismo representa el concepto de ‘rigor’.

Y es que existen hoy en el ámbito de los medios de comunicación, el internet y las redes sociales varias “especies de periodistas”:

Están los comunicadores –la mayoría avalados por un título universitario de Comunicador Social y/o Periodista– que van desde los directores de prensa y relaciones públicas en las entidades públicas y/o corporaciones privadas hasta los creadores y redactores de contenido de sus páginas web y redes sociales, tan en boga por el denominado Marketing Digital. En ello hay que ser claros: mientras estén desarrollando este tipo de actividades no están ejerciendo el periodismo.

También están los ciudadanos comunes amparados en la constitución (Art. 20) que les garantiza “…la libertad de expresar y difundir sus pensamientos y opiniones…y de fundar medios masivos de comunicación…” y allí entran profesionales, veedores ciudadanos, agitadores cívicos, académicos, políticos, ‘lagartos’, chantajistas, leguleyos, brujos y un largo etc.

Allí se camuflan también los sicarios morales y los mercenarios –entre los cuales se encuentran los que elaboran las famosas “noticias falsas”– que reciben una paga o un beneficio por su tarea.

Con toda la razón el maestro del oficio, Juan Gossain, nos decía recientemente en Barranquilla que el nuevo nombre de la ética en el periodismo se llama: Responsabilidad.

Por eso es fundamental hoy replantear el tema de la formación del periodista (“..desde la cuna hasta la tumba..” como decían Martí y Gabo) que tiene en sus manos nada más ni nada menos que la verdad, en un país tan convulsionado como el nuestro en donde la abundancia y el poder chocan con la pobreza y la miseria.

Quienes ejercen este oficio hoy se encuentran acosados o favorecidos –dependiendo de su decisión personal– de los cada vez más sofisticados esquemas de comunicación y propaganda de los grupos económicos, las administraciones publicas de todo orden, las corrientes políticas, los movimientos ciudadanos y hasta los actores al margen de la ley (guerrilla, paramilitares, narcotráfico y delincuencia común), entre muchos otros.

El libro en mención nos recuerda –y sobre ello plantea la reflexión- que existen unas reglas básicas que entraña el ejercicio del periodismo y que se resumen en investigar, contextualizar, contrastar las fuentes, mantener el equilibrio, guardar el rigor y tratar de llegar e informar lo que considera es lo más aproximado a lo que se cree es la verdad.

En todo caso, ser realmente un periodista hoy no es la resultante de un título universitario, ni siquiera de una larga y experimentada trayectoria en el oficio. Ser periodista hoy implica una decisión ética que se debe tomar a cada instante y que se traduce en lo que se informa garantizando el derecho fundamental de los ciudadanos –las audiencias– a recibir información veraz e imparcial.

Víctor Herrera

Foto: rosee-letters.com

@vherreram