El dilema de los hoteleros

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Los hoteleros en Barranquilla han llamado la atención manifestando su preocupación por la actual encrucijada en que se encuentran y de la cual les va a ser muy difícil salir.

Se trata, por un lado, de las consecuencias del decreto 2755 del año 2003 que estableció un extraordinario estímulo para a la industria hotelera: una exención de 30 años en el impuesto a la renta por la construcción de nuevos hoteles o la remodelación o ampliación de los ya existentes dentro de los siguientes 15 años. El plazo terminó el 31 de diciembre del 2017 con la edificación de 75.388 nuevas habitaciones en el país generando más de 60 mil empleos y permitiendo la llegada de diversos formatos de cadenas internacionales como Hilton, Marriott, Sonesta, Radisson, Sheraton, City Express, FourSeasons, Best Western, NH Hotel Group, entre otras.

Era previsible entonces que ahora exista una sobreoferta que debería ir decantando a medida que no se construyan o amplíen más instalaciones hoteleras debido a la carencia del estímulo gubernamental que abarata los costos y los vuelve más competitivos. Este periodo de transición amargo era necesario pasarlo máxime cuando en cálculos de Cotelco el retorno a la inversión hotelera esta alrededor de los 8 años.

Lo que no estaba en las cuentas de nadie era la aparición, en la mitad del camino, del fenómeno tecnológico que está revolucionando el negocio del alojamiento en el mundo: Airbnb, una plataforma de software en la cual los propietarios publicitan y contratan el arriendo de sus casas, apartamentos, habitaciones, etcétera para uso individual o turístico que hoy tiene una oferta de más de 2 millones de propiedades en 192 países y 33 mil ciudades. Lo precios, la versatilidad y la libertad son los principales atractivos con que Airbnb se ha ido imponiendo.

A ella se suman otras plataformas como Uber en el transporte (DiDi, su homólogo chino, acaba a llegar a Colombia), Amazon y Rappi en domicilios y mensajería y otras más en el campo de los vuelos, reservas y transportes que están cambiando sustancialmente el tratamiento a viajeros y turistas en nuestro país.

En el caso del Atlántico, en el Índice de Competitividad Turística Regional de Colombia (ICTRC) del 2018 el departamento descendió al séptimo lugar (de 26 analizados) teniendo que mejorar en los aspectos ambiental y social y con la imperiosa necesidad de asumir retos en materia de conectividad aérea internacional, áreas naturales de uso turístico, numero de guías y profesionales de servicios turísticos certificados, instituciones de educación en el tema, número de puntos de información y terminales de transporte terrestre, entre muchos otros.

Tenemos que decirlo: aquí nos falta tomar en serio el tema del turismo. ¿Qué les ofrecemos realmente a los visitantes que sea competitivo? ¿Cómo es posible que nuestro “gran destino” en materia de Sol y Playa sea el “balneario” de Puerto Colombia (donde acaban de recogerse mil toneladas de basura) con un mar totalmente sucio, unas casuchas y tenderetes atendidos por personal sin vocación de servicio y con un nostálgico muelle en ruinas? Por otro lado, un turismo de negocios que prefieren cada vez más Airbnb, Uber y Rappi y un turismo de eventos y ferias empezando a despegar a raíz de la construcción del Centro Convenciones Puerta de Oro.

Hoy los hoteleros están sobreviviendo con las contadas noches de los huéspedes que vienen para asistir al Carnaval o a los partidos de la selección Colombia. No van a poder salir de este atolladero si la ciudad no se vuelca a competir por un turismo de alto nivel.

Víctor Herrera Michell

@vherreram

Foto: Jorge Montaño