Circunvalar: la autopista que no fue

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En Barranquilla y su área metropolitana no existen autopistas y ya se aproxima a dos millones de habitantes.

Se supone que la Circunvalar fue concebida bajo ese concepto, pero nunca lo ha sido y, menos ahora cuando, a pesar de la segunda calzada, sigue siendo estrecha y ha dejado de ser Circunvalar para convertirse en una calle interna de la conurbación Barranquilla – Soledad, con decenas de miles de habitantes viviendo del ‘lado de afuera’ de la avenida.  La implementación de semáforos, como se viene haciendo, es una pésima solución. Por ejemplo, hay un semáforo peatonal por La Pradera y un poco más allá hay un puente peatonal que casi nadie usa. Poner semáforos es obstaculizar el flujo de vehículos, resignarse a que la otrora soñada autopista sea una callejuela. 

La Circunvalar comunica pero también separa y divide la ciudad. Se construyen grandes urbanizaciones a un lado de la avenida pero cuando los carros salgan sólo pueden tomar una dirección y en varios kilómetros no van a encontrar un retorno. La carencia de suficientes retornos es apenas uno de los tantos defectos de esta avenida.

También faltan puentes peatonales y puentes vehiculares en lugares estratégicamente escogidos. Tiene tramos sin carriles delineados y son eternos los huecos y desniveles. Rutas de buses por esa avenida y paraderos en desorden ayudan al caos. Y las motos, hoy abundantísimas, no tienen carril propio como tampoco las bicicletas o triciclos.

En el mundo no suelen usarse carriles especiales para motos, pero aquí la pésima cultura ciudadana hace que los motociclistas -yo lo he sido en ciertas épocas- no fluyan por los carriles sino entre carriles, colándose entre las filas de carros -los policías motorizados dan el mal ejemplo y no tienen conciencia de ello-.

Las señales de velocidad son fluctuantes en sus límites y no se sabe que tramo abarcan, de tal modo que el conductor tiene que ir pendiente de señales de todo tipo, cuando debería haber un solo límite en toda la avenida si fuese autopista.

El resultado de todo esto es el caos, la movilidad difícil, la accidentalidad elevada, la baja productividad y las jugosas fotomultas que son un negociado de particulares.

Pensemos en soluciones. La circunvalar debe carecer de semáforos, tener retornos no distanciados por más de dos kilómetros y retornos especiales para motos, tener ciclorruta, carril de sólo-motos, una sola ruta de bus autorizada a lo largo de toda la avenida con vehículos de tamaño pequeño y frecuencia suficiente con paraderos fijos, puentes peatonales suficientes dotados de rampas y escaleras (bloqueando el paso a nivel de la avenida y sancionando a quienes lo destruyan), nuevos puentes vehiculares y mucha, pero mucha cultura ciudadana.  Además, debe ser parte de un sistema de movilidad de tal modo que haya rutas alternativas, pues la avenida se quedó pequeña. 

El ordenamiento urbano debe controlar y planificar los asentamientos y el crecimiento futuro, porque dejado a la silvestre iniciativa privada lo que se genera es el desorden como ha sido tradicional en la ciudad.  Barranquilla y su área metropolitana son un modelo desastroso de urbanismo por culpa de la iniciativa privada no regulada que pone el interés particular por encima del interés general (los historiadores están en mora de investigar la historia de la propiedad de la tierra en el norte del departamento del Atlántico donde se ubica la capital y sus conurbaciones).

En nuestro terruño falla la cultura ciudadana, falla la planeación urbana y falla la cultura política que ha permitido este desgobierno del cual se aprovechan unas élites que viven más en Miami que acá. La segunda circunvalar no es solución si le ponen peajes. Esa concepción elitista y neoliberal debe cambiar. Esta nueva avenida debe…

Por Jorge Enrique Senior

Foto: alcaldía de Barranquilla