Semblanza de Mario Bunge, In Memoriam (1919-2020)

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Este martes 25 de febrero, falleció el filósofo latinoamericano más importante de todos los tiempos. Pero Mario Bunge no estudió filosofía, sino física.

Este científico se convirtió en filósofo en forma autodidacta, por su interés en problemas filosóficos desde muy joven.

Mario nació en Buenos Aires y en el siglo que duró su vida tuvo dos etapas claramente distinguibles: los primeros 40 años y los 60 siguientes.

En la primera etapa su base estuvo en Argentina. Viajó poco; hizo política de izquierda creando la Universidad Obrera, sufrió la persecución de militares y peronistas, investigó en física e incursionó en filosofía de la ciencia intentando impulsar la modernización y exactificación del trabajo filosófico en América Latina. Demoró demasiados años haciendo la tesis, algo que puede servir de consuelo a muchos.

En la segunda etapa se exilió, migró por varios países para finalmente establecerse en la Universidad de McGill, en Canadá durante medio siglo, uno de los secretos de su productividad. En esta fase de su vida se alejó de la física práctica y se entregó de lleno a la filosofía, debatiendo con los grandes filósofos de primera línea, recorriendo casi todas las áreas del campo filosófico: ontología, epistemología, semántica, ética, filosofía política.

En filosofía de la ciencia también recorrió todas las especialidades: de la filosofía de la física pasó por filosofía de las matemáticas, la química, la biología, la psicología, las ciencias sociales, así como la filosofía de la mente y de la tecnología. Fue un filósofo de talla mundial.

Su libro de Memorias, publicadas a los 95, se tituló “Entre dos mundos”. Esos dos ámbitos pueden interpretarse como Latinoamérica y el mundo anglosajón o como la ciencia y la filosofía.

Su obra más importante fue el Tratado de Filosofía Básica en ocho tomos (1974-1989), producto de una labor descomunal para establecer el que puede ser, quizás, el único sistema filosófico elaborado en el siglo XX, pues en esta época lo que hay es especialistas y no generalistas sin terrenos vedados.

Otras obras importantes son “Causalidad”, “Fundamentos de física”, “Crisis y reconstrucción de la filosofía”, “A la caza de la realidad”, “Emergencia y Convergencia”.

Tiene obras dedicadas a las ciencias sociales, a la filosofía de la medicina, a la ingeniería, a la educación. Es decir, casi todas las profesiones pueden encontrar textos de Bunge pertinentes a su campo.

Con el colombiano Rubén Ardila escribió una obra conjunta sobre filosofía de la psicología. Lo irónico es que el texto que le dio más fama en Colombia fue el pequeño manual “La ciencia, su método y su filosofía”, que en realidad es poco importante dentro de su producción. En total produjo más de 70 libros y centenares de artículos y columnas periodísticas.

Una de sus características fue su apoyo al movimiento escéptico y el combate permanente contra los oscurantismos de todas las pelambres: las pseudociencias, los posmodernismos, el construccionismo social y toda filosofía idealista, irracionalista o relativista radical.

Mario fue ateo, por supuesto, y afín al socialismo democrático, pero sin militancia partidista. Su filosofía se puede definir en los siguientes parámetros: materialista, realista, emergentista, sistemista, racioempirista, cientificista y agatonista en ética. Es claramente un filósofo moderno, heredero de la Ilustración.

Tuve la oportunidad de conocer a Mario Bunge en el 2015 durante el primer Encuentro Latinoamericano de Filosofía Científica en Buenos Aires, precisamente celebrado como un homenaje a este pensador.  Allí pude conversar con él sobre la biologización de las ciencias sociales -tema de mi ponencia-, la revista Minerva -que publicó muy joven- y sobre Gabriel García Márquez -decidió apodarme “Aureliano”, pues era el único colombiano en el evento-, cuya obra admiraba. Siempre dispuesto a charlar con los jóvenes y a debatir con cualquier ponente, fuese famoso o no.

Mario era el máximo exponente de la filosofía científica en español, pero hay una serie de filósofos que recogemos su antorcha: Gustavo Romero (autor de Scientific Philosophy), Gerardo Primero (en psicología), Roxana Kreimer (feminismo científico), Antonio Diéguez (filosofía de la biología) y muchos más.

En Colombia hay iniciativas como Nullius in Verba, que dirige Sergio Barrera, que produce una revista online y un website de filosofía científica. Y acá hemos conformado el Círculo de Filosofía Científica y Pensamiento Crítico de Barranquilla que en el pasado mes de septiembre organizó dos eventos sobre el pensamiento de Bunge, al cumplir éste los 100 años. Estos eventos se hicieron en alianza con la Fundación Stellam que organiza el Café con ciencia y el grupo Holosapiens de la Universidad del Atlántico.

En vida recibió muchos homenajes. Fue premio Príncipe de Asturias y Doctor Honoris Causa en unas 20 universidades, entre ellas la Universidad del Valle. Ahora vendrán los merecidos homenajes póstumos y, por supuesto, la tarea de las nuevas generaciones de aprender de su legado y continuar su línea de investigación cuyo único motor es la curiosidad infinita de la especie humana.

Por: Jorge Senior

Foto: Olmo Calvo – SINC – tomada de elespanol.com

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