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Fútbol Covid por Agustín Garizábalo Almarales

por R. Noticias Coopercom

Como apareció en China se pensó que era uno de esos equipitos emergentes que una buena racha lo pone en la órbita mediática. Pero se metió en Italia, Francia y España, y fue como si  hubiese ganado la Eurocopa. Y no se conformó con eso: también infectó otros deportes y ha arrasado con lujo de detalles a sus antiguos competidores: el A1N1, la gripe aviar, el ébola o el cólera no le llevan los zapatos a este inquieto muchacho.

El principal error fue el exceso de confianza, tanto que Estados Unidos, Ecuador y Brasil creyeron que se trataba de un equipillo de poca monta y descuidaron sus defensas como algunos equipos colombianos en la reciente Copa Libertadores.

Una vez confirmado el clúster (grupo de brotes) se montaron las estrategias para aplanar la curva y en los  partidos de vuelta cobrar revancha. Se ha dispuesto, para la inminente competencia, un “distanciamiento social” de tal forma que la marca hombre a hombre podrá hacerse solo tomando al rival como mínimo a dos metros, así sea asintomático. Las concentraciones se convertirán en cuarentenas y los entrenamientos en simulacros. Se impondrá, durante los juegos, el uso obligatorio de tapabocas, lavado de manos permanente con jabón y gel desinfectante y la celebración de los goles chocando los codos.

“EL FUTURO DEL FÚTBOL ESTÁ EN EL PASADO”. ES DECIR, POR FIN, LAS NUEVAS GENERACIONES EMPIEZAN A ESCUCHAR UN POCO A LOS VIEJOS, ASÍ SEA POR OBLIGACIÓN, PORQUE EN SU DINÁMICA SUICIDA DEL SÍNDROME DE ADÁN, VENÍAN CREYENDO QUE EL MUNDO COMENZABA CON ELLOS.

Mientras tanto, los canales deportivos le han dado paso a un zoom de personajes variopintos, gente que siempre estuvo prácticamente en el anonimato, y ahora, bajo este aislamiento preventivo, sin saber qué hacer, ni a quien marcar, ni hacia dónde patear, son bienvenidos, así estén hablando de cocina o carpintería. La infodemia se impuso: aparecieron expertos de lo divino y humano: psicólogos, médicos, brujos, teguas, influencers, sabios en retiro, exjugadores, ex técnicos, ex periodistas, ex árbitros, poniendo en vigencia aquella sentencia de César Luis Menotti de que “El futuro del fútbol está en el pasado”. Es decir, por fin, las nuevas generaciones empiezan a escuchar un poco a los viejos, así sea por obligación, porque en su dinámica suicida del síndrome de Adán, venían creyendo que el mundo comenzaba con ellos.

En la cancha todo el mundo se mirará de reojos, se incubarán los ataques con sigilo y se pretenderá que los arqueros funcionen como si fueran antibióticos. En los camerinos, para la recuperación en los entretiempos, abundarán respiradores artificiales, aunque escaseen en los hospitales para el público común y corriente, público que no podrá asistir a los estadios, porque los partidos se jugarán a puerta cerrada, eso sí, después de un riguroso protocolo a los jugadores, árbitros técnicos y asistentes con pruebas que no asegurarán nada porque los resultados no se sabrán el mismo día, pero será preferible hacerlas, porque así conoceremos, varios días después,  si fue por culpa del virus  maldito si alguno de los convidados estiró la pata.

A propósito, como se ha dicho que este Sars o Coronavirus viene de los murciélagos y los Pangolín, se practicarán rigurosas pruebas a aquellos jugadores que tengan apodos de animales: Así que veremos, con severidad zoonótica, pasar por los laboratorios clínicos a  los Tigres, Ratones, Osos, Conejos, Pulgas, Pulpos, Gatos y toda esa  fauna que subsiste en el fútbol de alta competencia.

A los máximos goleadores de estos remates de torneos se les entregará el trofeo Covid19, por lo peligrosos y eficaces que habrán sido. Por supuesto que se ofrecerán minutos de silencio, previos a los encuentros, por las almas de los sacrificados y, sin duda, mucha gente quedará traumatizada por este exceso de información, porque todo se ha vuelto hablar de esta pandemia, porque los presidentes de los países solo hablan de ese tema, los noticieros y los diarios y las redes y las conversaciones en las esquinas, y en las casas y cantinas que atienden a escondidas, en los teletrabajo y ahora yo también, en mi paranoia (porque no pude dormir anoche, porque veo en todas partes globitos rojos con esporas y me arden las manos de tanto lavármelas) estúpidamente escribo esta nota.

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